jueves, 17 de noviembre de 2016

Las palabras y la cosa (Teatros del Canal)

Si al hablar de Premios y castigos exponíamos nuestra teoría sobre los tres pilares del arte teatral, texto, actores y dirección, según la cual esta última suele funcionar mejor cuanto más invisible es, tendríamos que concluir que la puesta de Pep Antón Gómez para Las palabras y la cosa es soberbia. Porque, muy consciente de que aquí lo importante es el texto de Jean-Claude Carrière y el festival de Ricard Borràs, el director tiene la prudencia de dar un paso atrás y dar pie al lucimiento de su protagonista. También es cierto que se podría argumentar que esto apenas es teatro, pues el choque dramático apenas está insinuado, y además su parte más conflictiva se produce en la interactuación con la pantalla (que sí, que sirve como símbolo de lo intangible, pero que nunca acaba de funcionar a nivel escénico). Por lo demás, la obra podría considerarse como una conferencia sobre las palabras mal llamadas malsonantes, pero por suerte tenemos ahí a Borràs para llevarla a una más alta dimensión.

Pero la labor de Borràs no se limita a ofrecer una lección de sutileza, gracia y prosodia, sino que también se extiende a la traducción de la obra, aunque mejor sería hablar de su reescritura. No conozco el original de Carrière, pero es obvio que el trabajo de adaptación de Borràs ha ido mucho más allá que una simple traslación literal. Así, sus largos discursos funcionan perfectamente en castellano, con sus interminables retahílas y sus multiplicadas citas, desde lo más vulgar a lo más elevado. También Elena Barbero está de lo más oportuna en sus intervenciones, pero sin duda lo más memorable de un espectáculo modesto, divertido y fugaz, es la interpretación de Borràs, mucho más que un simple recolector, un ser humano frágil, que se desvanece ante nuestros ojos mientras proclama el esplendor de su sabiduría.

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